Del “crabuñado” al “temple”

La fabricación de una hoz o de un cuchillo es un trabajo aprendido de padres a hijos que no se adquiere en ninguna escuela de formación profesional, al menos como se viene haciendo desde hace décadas en el municipio lucense de Riotorto y, en concreto, en las parroquias de Ferreiravella, Espasande de Abaixo y A Hermida.

Forxa

El oficio prácticamente se mantiene invariable desde hace muchos años, siendo el fuego parte primordial y casi telúrica que permite a estos artesanos moldear el duro acero que otrora venía de los Altos Hornos de Bilbao, pero con la crisis industrial ya ni los propios ferreiros pueden saber a ciencia cierta su procedencia, y atisban que puede provenir de Italia, Luxemburgo o Alemania. El grupo vigués de los socios riojanos Torres y Saez “Hierros y Acero” es uno de los grandes distribuidores en Galicia. En 1894, eran en A Coruña la sociedad mercantil Fernández y Cerezo y hoy facturan 30 millones de euros.

Las tres generaciones de herreros

Jomaca en su Vespino con su sobrino Baldo

JCV

José Cabo Villar, herrero en el siglo XX

j.jardónseco

“Lourín”, el abuelo de José Mario, que compaginaba las labores en el campo con las de ferreiro hasta los años 70.

Pero hablemos un poco de las tareas del viejo oficio de ferreiro:

1. ESPALMADO: fase en la que se estira la barra o lingote de hierro y de acero.

2. CRAVUÑADO: El ferreiro con su martillo moldea la pieza que pasaba antes por un mazo hidráulico (los ancestrales molinos de agua) pero que desde los años 70 se trabaja con un mazo eléctrico que percute con un sonido muy similar al de aquellos viejos mazos en los que solían trabajar las 24 horas del día y por tandas todos los herreros del pueblo.

3. TEMPLE: Enfriar la pieza con agua y afinar la forma con golpes leves de martillo.

4. FABRICACIÓN DEL MANGO: Se cortan tacos de una madera noble (cerezo o castaño)

5. AFILADO: Antigüamente se hacía con una piedra (moa) de grano natural, pero en alguna ocasión se rajaban y salían despedidas provocando accidentes graves en los afiladores. Hoy en día vienen de San Sebastián y son artificiales. Algún herrero pule primero el cuchillo o la hoz con una máquina especial y acaba el trabajo con estas muelas (moas) para darle un corte exacto y perfecto de la máxima calidad. El corte de este tipo de cuchillos no es jamás como el de una industria, que corta las láminas de acero con un troquel y las pule de mala manera con otras máquinas, saliendo las piezas desiguales y sin la perfección que un sólo hombre dedica a cada una de las piezas hasta que no está en las más óptimas condiciones. En las industrias un hombre supervisa cientos de piezas a ojo y por ello la mayoría de estos cuchillos industriales tienen dientes de sierra, que efectivamente cortan, pero al mismo tiempo destrozan el alimento.

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